Wednesday, May 16, 2007

Acto Tercero

Lo Uno y sus opuestos

...”acuérdate de Adonai en los días de tu juventud”...(Eclesiastés-La Biblia)

Que emoción sentí aquella tarde en que los ojos llenos de fulgurante alegría veía venir el verano, porque sabíamos de los placeres de la laguna en esa época del año, ¡cuantas horas pasábamos saltando, nadando imaginándonos ser peces en el agua transparente y fresca de la laguna! y ¡cómo olvidar el terrible hambre que después nos ocasionaba tremendo desgaste!
Las horas transcurrían mientras las manos se nos arrugaban con el agua dulce de la siesta.
Abríamos los ojos en el fondo del agua y nuestro mundo se transformaba en otro, en uno más fantástico llenos de personajes extraídos de libros, de historias fantásticas que en ese lugar y en esas horas cobraban vida.
El arenal del fondo y los juncos transformaban nuestra realidad haciendo de cada uno un héroe de aquellas profundidades. ¡Cuántas transformaciones nos poseían en apenas unas horas!, ¡Cuántos animales y seres personificábamos en una siesta y debajo del agua!, ese color cristalino nos introducía en una dimensión que era tan persistente hasta en los sueños porque en las noches se hacían presentes cada uno de esos personajes invitándonos al placer de habitar lugares que hombre alguno imaginó.
El olor de la laguna se aproximaba a nosotros para llamarnos como un ángel guardián que nos mostraba una vez más que Adonai estaba tan cerca, envuelto en otro símbolo, en otro espejo esperando ser sentido en cada acto de nuestras vidas.
Divisar la laguna de lejos a medida que nos acercábamos nos producía una gran euforia que ya a los cien metros tomábamos carrera para sambullirnos con fuerza en aquel lecho misterioso y acuoso de la siesta, y desde ahí el agua formaba parte del día.
Con los ojos colorados de largas miradas en el fondo del agua retornábamos a la superficie del ensueño dejando detrás un escenario en donde momentos atrás fue nuestro mundo.
¡Cuantas noches el regreso a ese fondo acuático marcó parte de los días! queriendo asir un tiempo que ya no es sino en cada uno de aquellos que participamos de esas siestas que nos marcaron el alma, el espíritu y el carácter , establecidos por una mano que presiento pero desconozco; es Adonai que nos prefigura, nos muestra esos símbolos imperceptibles por aquellos que no detectan lo simple de cada día de existencia.
La laguna tenía otros momentos, otros escenarios, que lo desteñían, la designificaban,una desintegración empuñada por aquellos que percibían esos actos de la siesta como diversión destructiva. En cada disparo , en cada saeta mortal contra sus habitantes, ese equilibrio emanado desde la naturaleza se rompía dejando oscuro una parte de ella.
La caza, constituía un placer para aquellos que salían en busca de la siesta,; para algunos el sustento de cada día, con susperros y sus caballos apechugaban sus destinos con lo que la naturaleza les proveía, otros arremetían atropellando su propia integridad, por ignorancia por debilidad, por necedad heredada.
Las víctimas eran aquellos pobladores ingenuos de la laguna, tan salvajes como la naturaleza que los creó en función de un orden, y tan antiguo como el origen del mundo.

Ahí van cargados los cunumíes (a)
los rastreadores de aventuras
deslizan su andar por la siesta
cargados de energía
calculando el paso, esquivando peligros

Los mosquitos del monte no los detienen.
El cambá (b) camina embelesado
siguiendo el llamado...

El paso es firme,
la piel curtida,
las pisadas dejan su impronta
maciza y fuerte sobre la hierba.

Nadie detiene su libertad
el silbido es remanido.
El chamamé es recreado
en una siesta tan caliente
como la obsesión de su andar.

Tan obsesivo camina
su franqueza lo ciega
esa ingenuidad lo vulnera
tan frágil en una naturaleza salvaje
que lo concilia con su carencia y con el mundo.





Mientras tanto en otro lugar de esa misma siesta, otra realidad se gesta, otras ilusiones se adhieren como garrapata a un destino que creen conocido.
El cambá (b) es monte
es viento reseco de los esteros
es grito desenfrenado del sapucay
es aviso en la inmensidad del monte

El hacha cargado al hombro
y el machete filoso
marcan una estela en los matorrales
sus hijos saben de ese esfuerzo

En las noches estrelladas
el mate y el chipa ©
crujen entre el guaraní mestizo
y las historias familiares

Apenas lee y escribe.
Su felicidad es tan simple
tan elemental como el monte que lo crío
como los días que pueblan su andar

Machete y hacha
estero y monte
grito y silencio
todo es uno
todo es Adonai.



(a) Cunumí: [guaraní]-niño
(b) Cambá: [guaraní]-muchacho, hombre. Morocho.(c) Chipá: torta echa de harina y huevo que aplanadas en forma de discos se fríen en sartén (chipá cuerito) o se cocinan en horno (de barro)

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