El libro sagrado de Apocalipsis dice: “el quetiene oídos oiga lo que el espíritu dice”...
lo que Adonai quiere decirte...
La siesta y sus desplazamientos
La siesta, horizonte infranqueable, infinito, todo era nuestro, el mundo lo era.
Después de tanto tiempo, la siesta vuelve a mi recordándome que soy extraño a ella.
Los límites y las obligaciones no pertenecen a ese mundo, un mundo en donde se respira pasto, lagunas, guayabas, naranjales y mamón.
A ese mundo pertenecí, al que retorno después de mucho tiempo con los recuerdos, los que se almacenaron sin saberlo en un lugar desconocido.
Todo comenzaba después del almuerzo, los rituales se sucedían naturalmente sin establecimientos de normas o pactos, un ritual nacido con la siesta misma, con aquellos primeros siesteros, los que se fueron con su llamado, cuando creían que eran ellos los que salían a buscarla.
Todos sabíamos que la hora llegaba, pero llegaba a nuestros espíritus como una voz, un clamor inconsciente, una posesión de aquel espíritu merodeador de los montes y los esteros recalentados.
Tal vez eran estos olores los que nos inducían a su llamado. En invierno los naranjos y los limoneros hacían lo suyo y en verano el olor a mango maduro y a sandía, producían estímulos insospechados que incluso hoy después de tantos años los olores me conectan con vivencias infranqueables por la razón, porque es una manifestación que nunca envejece, es Adonai que nos invita a descubrir el mundo, la tierra y las estrellas desde todos nuestros sentidos.
...” del arachichú al mitá rupá, levantaban los bosques en aroma, oh! esa fronda olorosa para el albergue de nuestra señora”... (Carlos Gordiola Niella-poeta Correntino)
Todos parecemos proceder del mismo lugar, los gestos, los chistes, los ideales, la forma de vestir y la piel curtida por el solazo del verano.
Nuestro andar es ágil y nuestros pies siempre descalzos, porque de esto se trata la libertad y nosotros lo vivíamos naturalmente.
Cuantas cosas quedaron en el camino. La ciudad y su histeria corrompe, oxida, contamina una sensibilidad que luego se hace imperceptible, impracticable, porque el silencio ha ido dejando lugar a la paranoia de la producción capitalista en donde un siestero sin darse cuenta cree que se ha civilizado, ha dejado de ser un simplón, para hacerse un habitante de la ciudad, un número en un registro, un engranaje de un gran sistema que lo desborda, le genera angustia y luego comprende que la siesta no lo ha dejado, las voces vuelven en medio de la paranoia, las imágenes se suceden días tras días, los recuerdos empiezan a surgir a borbotones y es entonces, cuando ese ser dislocado de su verdadero mundo recorre un lento camino de retorno, con ojos sabios y oídos afinados y logra entender aquellos símbolos que en otros tiempos le eran naturales y obvios, ahora cobran un sentido trascendental; un velo es corrido y es Adonai que una vez más extiende su mano para llevarlo por un camino que ningún hombre podrá imaginar jamás, para mostrarle que la siesta es su lugar, su rincón su intimidad.
Friday, May 04, 2007
Acto Segundo
Publicado por
adn-sa
at
7:41 PM
Subscribe to:
Post Comments (Atom)
No comments:
Post a Comment