Lo Uno y sus opuestos
...”acuérdate de Adonai en los días de tu juventud”...(Eclesiastés-La Biblia)
Que emoción sentí aquella tarde en que los ojos llenos de fulgurante alegría veía venir el verano, porque sabíamos de los placeres de la laguna en esa época del año, ¡cuantas horas pasábamos saltando, nadando imaginándonos ser peces en el agua transparente y fresca de la laguna! y ¡cómo olvidar el terrible hambre que después nos ocasionaba tremendo desgaste!
Las horas transcurrían mientras las manos se nos arrugaban con el agua dulce de la siesta.
Abríamos los ojos en el fondo del agua y nuestro mundo se transformaba en otro, en uno más fantástico llenos de personajes extraídos de libros, de historias fantásticas que en ese lugar y en esas horas cobraban vida.
El arenal del fondo y los juncos transformaban nuestra realidad haciendo de cada uno un héroe de aquellas profundidades. ¡Cuántas transformaciones nos poseían en apenas unas horas!, ¡Cuántos animales y seres personificábamos en una siesta y debajo del agua!, ese color cristalino nos introducía en una dimensión que era tan persistente hasta en los sueños porque en las noches se hacían presentes cada uno de esos personajes invitándonos al placer de habitar lugares que hombre alguno imaginó.
El olor de la laguna se aproximaba a nosotros para llamarnos como un ángel guardián que nos mostraba una vez más que Adonai estaba tan cerca, envuelto en otro símbolo, en otro espejo esperando ser sentido en cada acto de nuestras vidas.
Divisar la laguna de lejos a medida que nos acercábamos nos producía una gran euforia que ya a los cien metros tomábamos carrera para sambullirnos con fuerza en aquel lecho misterioso y acuoso de la siesta, y desde ahí el agua formaba parte del día.
Con los ojos colorados de largas miradas en el fondo del agua retornábamos a la superficie del ensueño dejando detrás un escenario en donde momentos atrás fue nuestro mundo.
¡Cuantas noches el regreso a ese fondo acuático marcó parte de los días! queriendo asir un tiempo que ya no es sino en cada uno de aquellos que participamos de esas siestas que nos marcaron el alma, el espíritu y el carácter , establecidos por una mano que presiento pero desconozco; es Adonai que nos prefigura, nos muestra esos símbolos imperceptibles por aquellos que no detectan lo simple de cada día de existencia.
La laguna tenía otros momentos, otros escenarios, que lo desteñían, la designificaban,una desintegración empuñada por aquellos que percibían esos actos de la siesta como diversión destructiva. En cada disparo , en cada saeta mortal contra sus habitantes, ese equilibrio emanado desde la naturaleza se rompía dejando oscuro una parte de ella.
La caza, constituía un placer para aquellos que salían en busca de la siesta,; para algunos el sustento de cada día, con susperros y sus caballos apechugaban sus destinos con lo que la naturaleza les proveía, otros arremetían atropellando su propia integridad, por ignorancia por debilidad, por necedad heredada.
Las víctimas eran aquellos pobladores ingenuos de la laguna, tan salvajes como la naturaleza que los creó en función de un orden, y tan antiguo como el origen del mundo.
Ahí van cargados los cunumíes (a)
los rastreadores de aventuras
deslizan su andar por la siesta
cargados de energía
calculando el paso, esquivando peligros
Los mosquitos del monte no los detienen.
El cambá (b) camina embelesado
siguiendo el llamado...
El paso es firme,
la piel curtida,
las pisadas dejan su impronta
maciza y fuerte sobre la hierba.
Nadie detiene su libertad
el silbido es remanido.
El chamamé es recreado
en una siesta tan caliente
como la obsesión de su andar.
Tan obsesivo camina
su franqueza lo ciega
esa ingenuidad lo vulnera
tan frágil en una naturaleza salvaje
que lo concilia con su carencia y con el mundo.
Mientras tanto en otro lugar de esa misma siesta, otra realidad se gesta, otras ilusiones se adhieren como garrapata a un destino que creen conocido.
El cambá (b) es monte
es viento reseco de los esteros
es grito desenfrenado del sapucay
es aviso en la inmensidad del monte
El hacha cargado al hombro
y el machete filoso
marcan una estela en los matorrales
sus hijos saben de ese esfuerzo
En las noches estrelladas
el mate y el chipa ©
crujen entre el guaraní mestizo
y las historias familiares
Apenas lee y escribe.
Su felicidad es tan simple
tan elemental como el monte que lo crío
como los días que pueblan su andar
Machete y hacha
estero y monte
grito y silencio
todo es uno
todo es Adonai.
(a) Cunumí: [guaraní]-niño
(b) Cambá: [guaraní]-muchacho, hombre. Morocho.(c) Chipá: torta echa de harina y huevo que aplanadas en forma de discos se fríen en sartén (chipá cuerito) o se cocinan en horno (de barro)
Wednesday, May 16, 2007
Acto Tercero
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Friday, May 04, 2007
Acto Segundo
El libro sagrado de Apocalipsis dice: “el quetiene oídos oiga lo que el espíritu dice”...
lo que Adonai quiere decirte...
La siesta y sus desplazamientos
La siesta, horizonte infranqueable, infinito, todo era nuestro, el mundo lo era.
Después de tanto tiempo, la siesta vuelve a mi recordándome que soy extraño a ella.
Los límites y las obligaciones no pertenecen a ese mundo, un mundo en donde se respira pasto, lagunas, guayabas, naranjales y mamón.
A ese mundo pertenecí, al que retorno después de mucho tiempo con los recuerdos, los que se almacenaron sin saberlo en un lugar desconocido.
Todo comenzaba después del almuerzo, los rituales se sucedían naturalmente sin establecimientos de normas o pactos, un ritual nacido con la siesta misma, con aquellos primeros siesteros, los que se fueron con su llamado, cuando creían que eran ellos los que salían a buscarla.
Todos sabíamos que la hora llegaba, pero llegaba a nuestros espíritus como una voz, un clamor inconsciente, una posesión de aquel espíritu merodeador de los montes y los esteros recalentados.
Tal vez eran estos olores los que nos inducían a su llamado. En invierno los naranjos y los limoneros hacían lo suyo y en verano el olor a mango maduro y a sandía, producían estímulos insospechados que incluso hoy después de tantos años los olores me conectan con vivencias infranqueables por la razón, porque es una manifestación que nunca envejece, es Adonai que nos invita a descubrir el mundo, la tierra y las estrellas desde todos nuestros sentidos.
...” del arachichú al mitá rupá, levantaban los bosques en aroma, oh! esa fronda olorosa para el albergue de nuestra señora”... (Carlos Gordiola Niella-poeta Correntino)
Todos parecemos proceder del mismo lugar, los gestos, los chistes, los ideales, la forma de vestir y la piel curtida por el solazo del verano.
Nuestro andar es ágil y nuestros pies siempre descalzos, porque de esto se trata la libertad y nosotros lo vivíamos naturalmente.
Cuantas cosas quedaron en el camino. La ciudad y su histeria corrompe, oxida, contamina una sensibilidad que luego se hace imperceptible, impracticable, porque el silencio ha ido dejando lugar a la paranoia de la producción capitalista en donde un siestero sin darse cuenta cree que se ha civilizado, ha dejado de ser un simplón, para hacerse un habitante de la ciudad, un número en un registro, un engranaje de un gran sistema que lo desborda, le genera angustia y luego comprende que la siesta no lo ha dejado, las voces vuelven en medio de la paranoia, las imágenes se suceden días tras días, los recuerdos empiezan a surgir a borbotones y es entonces, cuando ese ser dislocado de su verdadero mundo recorre un lento camino de retorno, con ojos sabios y oídos afinados y logra entender aquellos símbolos que en otros tiempos le eran naturales y obvios, ahora cobran un sentido trascendental; un velo es corrido y es Adonai que una vez más extiende su mano para llevarlo por un camino que ningún hombre podrá imaginar jamás, para mostrarle que la siesta es su lugar, su rincón su intimidad.
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adn-sa
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7:41 PM
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