Thursday, July 15, 2004

delirios

En una época lejana, con los olvidos propios del ser, se encrespo la lluvia de recuerdos, vanos recuerdos de hechos insondables por mentes humanas.
Aquella angélica voz de estridente llamado, surcó cielo y tierra esperando captar el único soplo que lo albergue, como una calida casa, -allí donde se aviva el fuego con los pulmones, agachada frente a las brasas que apenas laten en la oscura habitación- esa, echa de adobe, paja y tacuara, esta una mujer.

El viento silbaba afuera esperando atrapar alguno desprevenido en la soledad del campo, los montes, la laguna o el plantío. Allí corcoveaba la brisa, arremolinando tierra colorada, el arenal se agitaba en las calles pueblerina, nadie los habitaba, sólo el viento invernal de aquel día nublado, presagiando un destino, uno de tantos , como una coordenada en el espacio y el tiempo, ahí este punto, este paréntesis en la historia tan singular como cualquier otra vida, otro tiempo, en la inmensidad de esa singularidad, Dios haciendo singular a los hombres y esta es una de ellas, Marcelino Gómez, un soñador, un arrepentido, un niño sufrido, olvidado, marginado, luego rescatado, elevado y recordado, también cruje junto al fuego y la mujer encorvada.

Recuerdo la imagen siniestra, cuando transferimos su cuerpo muerto desde la cama de hospital público a un ataúd de madera con manijas plateadas. Su cuerpo muerto parecía pesar el doble, como si la muerte acrecentara y densificara sus huesos, sus músculos.
Lo mire y era otro, esa cara ya no era la de mi padre, esa cáscara pesada me era ajeno, repugnante, desconocido, y lloré porque ya no estaba ahí.

Me invadió una ausencia eterna, mire a mi madre y su rostro estaba desencajado, no habían palabras a las que recurrir, sólo mirarnos, hablar con otro lenguaje, uno que brotaba del alma, desde un lugar misterioso y desconocido.
Yo supe al instante su mundo que ella habitaba se había esfumado, pero su resignación afloraba en el aire mirándome .


Este es mi pueblo también, ahí fui testigo de sus singularidades, ahora regreso cargando recuerdos, siempre he sido un nostálgico un maldíto nostálgico, como si eso me ayudara a empujar mi existencia.

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